Zapatillas de running: problemas con la amortiguación exagerada

Elegir zapatillas de running, para un corredor, es todo un acontecimiento. En ese contexto, podemos perder el foco y marearnos. Por eso, en esta nota, te ofrecemos algunos consejos fundamentales a la hora de elegir zapatillas de running. Mientras tanto, te dejamos este sitio para chequear precios.

 

Consecuencias de elegir zapatillas de running equivocadas

Metámonos de lleno en lo que nos preocupa. ¿Cuál es la mejor zapatilla para mis pies? La primera respuesta es simple: aquella que respeta las características naturales de ellos.

¿Has escuchado decir que las zapatillas con amortiguación extrema te protegen más que cualquier otra y que, incluso, te ayudan a prevenir lesiones?

Pues bien, lo primero para decirte al respecto es que, a menos que quieras correr como tal vez lo haría Lady Gaga (con plataformas de 15 cm), vayas eliminando de tu cabeza ese prejuicio impuesto por la publicidad.

Sea como fuera, las zapatillas amortiguadas para correr han liderado el mercado en los últimos treinta años. No obstante, presentan algunos desperfectos que pueden ocasionar muchos defectos e inconvenientes en los corredores.

 

 

Probablemente, puedas visualizar a qué nos referimos cuando decimos “zapatillas running amortiguadas”. Sí, son aquellas que presentan una suela ancha y/o elevada con algún sistema de amortiguación (ya sea aire, resortes o la-tecnología-que-sea).

Estos sistemas de amortiguación suelen promocionarse como óptimos en términos de minimización de impactos e incluyen una gran distancia entre el talón y la punta del pie (esta distancia, en términos técnicos, se denomina drop).

En los últimos años, numerosos fabricantes de zapatillas deportivas han redoblado apuestas y nos muestran zapatillas con amortiguación cada vez mayor.

Y gracias a la banalización del fitness como una mera moda sumada la mercadotécnica de las grandes marcas de indumentaria deportiva, hoy muchos corredores asocian un buen calzado a una amortiguación desmesurada.

Sin embargo, es bueno saber que existen muchas opciones que permiten evitar los problemas asociados al tipo de zapatillas que estamos comentando.

Entre los problemas habituales ocasionados por el calzado de gran amortiguación, se cuentan los siguientes.

 

Problemas de las zapatillas de running con amortiguación excesiva

Favorecen el taloneo

Utilizar este calzado para correr tiende a favorecer el taloneo (Heel Strike), una forma imperfecta y perjudicial de pisar que consiste en tocar el suelo primero con el talón.

Esto puede ocasionar problemas en la rodilla, en el tobillo y en la tibia.

 

Reducen la percepción natural de tus pies

Otro de los inconvenientes de las zapatillas amortiguadas es que impiden que nuestros pies consigan una percepción completa del terreno y de sus alteraciones.

Nuestros pies son sensibles y están repletos de terminaciones nerviosas que les permiten adaptarse a las variaciones del terreno por el que corremos. Así se preparan los músculos para cada pisada que damos.

La única forma de lograr una percepción total es ir descalzos. Sin embargo, comprendemos que correr sobre una suela alta y torpe nos reduce la percepción, con lo cual, nuestros pies pierden sensibilidad.

 

Debilitan tus pies

Nuestros pies tienen un complejo sistema muscular. Y cada músculo desarrolla funciones esenciales al correr.

En concreto, la estructura ósea constituye el armazón, mientras que los músculos, ligados a los huesos mediante tendones, garantizan el movimiento correcto.

En este sentido, las zapatillas amortiguadas en exceso impiden que esos músculos trabajen adecuada y constantemente. En consecuencia, se produce una especie de atrofiamiento por la falsa de uso como le sucede a cualquier músculo. Si no se utiliza, el músculo pierde tonicidad y fuerza.

 

No reducen el riesgo de lesiones: lo potencian

Como hemos visto, este tipo de calzado no reduce los riesgos de lesiones, sino que, por el contrario, tiende a aumentarlo.

 

Soluciones: cómo elegir las zapatillas correctas

Primero lo obvio: por supuesto, no elijamos aquellas que tengan amortiguación exagerada.

Bien, ¿pero cuáles elegimos? Existen algunas recomendaciones fundamentales para tomar la mejor decisión a la hora de comprar zapatillas para running.

El drop debe ser bajo. Como decíamos, así se conoce a la distancia, en términos de altura, que existe entre el talón y la puntera de la zapatilla. Mientras mayor es el drop, más nociva es la zapatilla.

La medida ideal es de no más de 4 milímetros. Esta información puede encontrarse con exactitud en los sitios oficiales de las marcas de las zapatillas.

La suela debe ser blanda. ¿Cómo medimos esto? Simple: tenemos que hacer la prueba de retorcer el calzado. Si cede, podemos seguir prestándole atención al resto de las cualidades. Si, por el contrario, la rigidez de la suela y demás materiales impiden el movimiento, podemos ir eligiendo otro modelo.

 

Además, las zapatillas para correr tienen que ser livianas. Mientras más livianas, mejor. Un peso límite son los 300 gramos: si se exceden de esa medida, nos perjudican.

Las punteras deben ser anchas. La razón es simple: nuestro pie debe estar cómodo y pisar con libertad. En cambio, si el espacio de que dispone es reducido, los dedos se pegan en exceso y esto produce que no pisemos con corrección.

¿Existe la zapatilla perfecta para todos?

Este es un tip adicional. No existen zapatillas perfectas para todos, dado que todos tenemos un pie único enmarcado dentro de un puñado de tipologías estándar.

Por lo tanto, si nos dicen que aquel es el modelo perfecto para nosotros (sin conocer cómo es nuestro pie), nos están mintiendo con descaro.

Insistimos en este punto: no existen dos pies iguales y, por este motivo, hay tantos tipos de zapatillas. Podemos comprar la zapatilla más cara, pero si no se adecua a nuestro pie, estaremos tirando nuestro dinero y comprando, en definitiva, un problema de salud.

En resumen, la innovación en el mercado del calzado es sorprendente y cada vez tenemos más y mejores alternativas. Sin embargo, la perfección no existe. Por eso, siempre, primero determiná cuáles son tus características.